Liverpool 1 - Chelsea 0

Luis García devolvió al Liverpool a una final de la Liga de Campeones, 25 años después de la trágica de Heysel, gracias a un gol que tumbó al 'todopoderoso' Chelsea de Jose Mourinho.

Rafa Benítez dirigió desde el banquillo a un Liverpool que volvió a superar por segunda vez, tras la ida en Stamford Brigde, en el 'libreto' al técnico luso, que ha levantado este año la Copa de la Liga, tras doblegar en la final a su verdugo de hoy, y la Premier, pero que no podrá hacerlo con la 'Champions'.

Con un público entregado, el Liverpool hizo de nuevo sonar bien alto el famoso "You'll never walk alone" y se ganó el billete para soñar con llevar a sus vitrinas su quinta Copa de Europa, tras las de 1977, 78, 81 y 84.

Y es que un gol a los cuatro minutos hizo tener que reescribir rápidamente el guión previsto del partido a Jose Mourinho. Luis García remachó entre tres defensas, en un balón que igual pudo no cruzar por completo la línea de meta, una rápida combinación entre Riise y Baros para poner por delante al Liverpool.

Esto obligó al Chelsea a tomar más protagonismo del que le suele gustar en el partido. El Liverpool se atrincheró en torno a la meta defendida por Dudek en busca de tapar todas las vías de acceso a los 'blues' que, aunque nunca a la desesperada conscientes de que había mucho partido por delante y un tanto les servía para estar en la final, tenía el balón en su poder.

El partido, de todas maneras, estaba donde quería Rafa Benítez gracias al tanto de Luis García. El Liverpool no pasaba apuros ante un Chelsea que abusaba de los lanzamientos en largo, siempre en busca de Drogba, pero que no se encontraba cómodo ni tenía profundidad.

Así, los de Anfield llegaron al descanso con medio billete para la final, gracias al acierto de Luis García en la única oportunidad ante ambas metas, en el bolsillo en unos primeros 45 minutos donde la intensidad, acompañada de la precipitación en el Chelsea, estuvo por encima del juego.

En la reanudación, los de Mourinho no volvieron del vestuario ni mucho menos con las ideas claras. El Chelsea seguía reincidiendo una y otra vez en un juego que no tenía ni un ápice de profundidad y que caía una y otra vez en el entramado defensivo organizado por Benítez.

Los minutos iban cayendo y con ellos las opciones de los 'blues' de estar en la final, que apenas hicieron sufrir a Dudek en un lanzamiento de falta de Lampard.

Ya sólo le quedaba a Mourinho el jugar la baza de los cambios, y lo hizo con todo lo disponible. El luso tiró de Robben, en busca de romper la monotonía y tener un jugador capaz de desequilibrar con sus regates, y del remate del serbio Kezman.

El Chelsea si que puso de verdad cerco a la meta de Dudek en el último cuarto de hora, aunque jugando siempre al filo de la navaja y viendo como la falta de acierto de Cisse, que tuvo en su mano el poner fin al sufrimiento del Liverpool, le mantenía con vida.

Incluso Gudjohnsen tuvo en sus botas, con cinco minutos por encima de los noventa minutos, la ocasión del partido para el Chelsea, pero su disparo se fue por la derecha de la portería de Dudek y con él las esperanzas de Mourinho y sus hombres.

El premio fue para Benítez y su Liverpool que, al igual que en los cuartos ante la Juventus, rompía los pronósticos para volver a una final 20 años después.

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